Berrinches y rabietas en los niños

Como madre esto es algo que me preocupa y me molesta cuando mi hijo hace sus pataletas o berrinches sobre todo cuando es en público, pues no todos entienden o toleran esto. Cuando era soltera y veía este tipo de situaciones me decía “y es que esta madre o padre no pueden controlar a su hijo?” “que malcriado, entre otros”, era obvio que no sabia nada del tema.

Hoy que soy madre y me ha tocado vivirlo puedo decir con propiedad que no es algo fácil de manejar, incluso hay momentos en que me ha tocado retirarme del lugar y esperar a que mi hijo se calme, por supuesto que mientras hago esto siento las miradas y las críticas hacia mi hijo por su pataleta y hacia mi como madre “que no sabe o no puede controlar a su hijo”. Y me pregunto hasta qué punto es normal esto, hasta que edad esperar este tipo de situaciones y hasta que punto he fallado como madre. Entonces me dedique a investigar en internet y esto es lo que he encontrado:

“Aunque resulte paradójico, debemos entender la rebeldía, la desobediencia, el negativismo, las rabietas y los berrinches como signos positivos y expresivos de una personalidad en formación. Hemos comentado en otras oportunidades que esta etapa del desarrollo se evidencia alrededor de los 2 años. Si un niño a esta edad no da ninguna señal de oposición, es decir, entrega sus juguetes con demasiada facilidad, no se ofende, no protesta ni se defiende cuando le sacan o le niegan algo, hay razones suficientes para preocupar-se. El niño puede que tenga miedo a exponerse. En el mejor de los casos, necesita mantener en secreto sus verdaderos deseos. En el peor de los casos, ya no sabe lo que desea o ya no desea.

Después de explicar estos aspectos fundamentales para la comprensión del desarrollo de la personalidad en el niño, podemos ocuparnos de las dificultades de los padres durante estas etapas del NO.

El primer paso para abordar el tema de las rabietas

Lo primero es reconocer lo complicado que resulta para los padres y/o educadores vérselas con unos niños que, a pesar de la torpeza, la inmadurez y la impulsividad propias de la edad, intentan comunicar su gusto, sus ganas, sus necesidades, su vitalidad, su ritmo, su desacuerdo, como pueden. No se trata de sofocar la expresividad del niño. Tampoco de dejarlo libre en sus impulsos. Cualquiera de estas dos posiciones puede volverse destructivas y llevar a la enfermedad.

¿Significa esto que hay que dejar actuar al niño según sus antojos?

Por supuesto que no. ¿Es posible respetar su individualidad sin dejar de ejercer la autoridad? Por supuesto que sí. Un niño que se siente respetado, respeta; que se siente engañado, miente. Un niño que se siente escuchado, escucha; sabe que hablar vale la pena. Un niño al que se le dan razones verdaderas y válidas, aprende que nadie, no sólo él, puede hacer todo lo que quiere en cualquier momento.

Una pregunta a modo de ayuda

¿Cómo les gustaría ser tratados a ustedes cuando desean muy intensamente algo de lo cual se tienen que privar? Los niños quieren y necesitan saber porqué no pueden hacer lo que les da la gana. Es necesario razonar con ellos y dejarles muy claro qué es lo que se espera de ellos. Los niños también exigen respuestas sinceras.” artículo tomado de http://www.guiainfantil.com

 
Lucia Liberman Consejera familiar: Aunque los berrinches están presentes en los niños de todas las edades (e inclusive en algunos adultos), la edad más común para los berrinches es entre los dos y tres años. Los niños de esta edad pasan por una etapa de desarrollo muy especial que es conocida como la primera etapa de la individualidad. A esta edad los niños descubren que son entidades diferentes a sus padres y que pueden dominar el mundo, pero, por supuesto, no tienen los medios para hacer eso.  Primero, no tienen el lenguaje. Cuando un niño tiene dos años de edad, su dominio del idioma aún no está desarrollado. Están empezando recién a usar oraciones y su vocabulario es limitado. Muchas veces los niños no saben cómo describir con palabras algo que están sintiendo. Es un proceso de aprendizaje y con nuestra ayuda como padres y proveedores, los niños mejorarán diariamente en su desarrollo del lenguaje, así que a la edad de 4 años ellos pueden realmente comunicar con palabras lo que están sintiendo.
 
 
He leído también que los niños a esta edad no entienden claramente el concepto del tiempo. Ellos tienen una sensación de urgencia sobre sus necesidades y deseos. Quieren algo y lo quieren ahora.  Nuestra ayuda como padres es enseñarles a cómo esperar los turnos, cómo seguir una rutina, etc. Lo otro es que los niños a esta edad no saben cómo regularse a sí mismos. Ellos sienten emociones intensas y no saben qué hacer con ellas. Finalmente, los niños son capaces de manipular a los adultos con sus berrinches, porque la mayoría de la veces los adultos les damos lo que quieren para que se callen y podamos seguir con nuestras actividades. Principalmente les damos nuestra atención (nuestra atención negativa) cuando tienen un berrinche.
Como adultos, necesitamos asegurarnos de darle toda nuestra atención cuando está tratando de comunicarse con nosotros de manera apropiada. Para prevenir que los niños tengan un berrinche, debemos enseñarles  a describir y ponerle nombre a sus emociones. Escucharlos antes de que se salga fuera de control. Enseñarles a esperar su turno y a seguir una rutina. Los padres necesitamos aprender a no “engreír” a nuestros niños con cosas. Algunos padres compran lo que sea que un niño quiera. Eso le da al niño la sensación de que es dueño del mundo, y que todos deberían darle lo que él quiera. Por lo que no es sano hacerlo.
 
Entre los 4 y los 5 años, si los límites han sido correctamente manejados con los chicos, lo esperable es que vayan disminuyendo. Paulatinamente irán apareciendo con menor frecuencia y, también, con menor intensidad. De todas maneras, debemos  tener en cuenta que no van a desaparecer por completo porque forman parte de su desarrollo y va a depender de la capacidad de autocontrol que haya desarrollado cada niño, así como de la posibilidad de dar nombre a lo que le pasa, en lugar de manifestarlo con rabietas y berrinches.

Nuestra actitud como padres frente al berrinche es fundamental en esta etapa, porque si los adultos nos enojamos y entramos en el “juego” de la rabieta, solventar la situación se vuelve más difícil. En cambio, si como padres podemos mantener la calma, decirle al niño qué es lo que lo está enojando y cuáles son las razones por las que debe hacer lo que se le indica y hacer cumplir lo que consideran correcto o necesario, la escena del berrinche perderá sentido.

 
 

 

 

 

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